«Los del gallinero pueden aplaudir, los de los palcos basta con que hagan sonar sus joyas» – John Lennon

Code 41 2019 será recordada por muchos como la edición de los Millenials. Muchos dicen que ellos, los Millennials, dominarán el mundo, si es que no lo están haciendo ya. Así que en entender su comportamiento está la clave de todo. Y mirándolo desde esa perspectiva se entendieron muchas de las cosas que se vieron sobre la pasarela sevillana:

Como la brillantez, una vez más, de María Ávila, cuya colección no deslució a pesar de haber dedos acusadores que aprovecharon las Redes Sociales para acusarla injustamente de plagio.

‘Millenials’ (esa generación a la que muchos se empeñan en achacar los nuevos males del mundo) dispuestos a aprender ver moda. O los que apoyan con su presencia al compañero de tijeras que este año participa en Code 41 Talent. Y otros a los que Pepín Castillo les suena como una calle de Triana y comprueban los seguidores en Instagram de su partenaire de front row. Los que se mueren por la foto, sin importar que tú estés cultivando el noble arte de preocuparte por la vida personal del que está detrás del objetivo, que antes de fotógrafo es persona. Los que vienen de vuelta y esperan cómo el talento desborda Code 41 2019 (y aquí recomendamos encarecidamente la colección de Marlo Studio). Los consagrados, siempre atentos a las tendencias. A la que busca quien la vista, (ya sea Meryfor, Olimara&Rose...) para ser la invitada del año. Y los que se les ve en la cara ese ademán de la ilusión de lo que está por llegar.

Juego de volúmenes de Julián Ortiz

Y llegó el esperado regreso de Julián Ortiz en Code 41 2019. Una vuelta a la tierra, a los orígenes rezaba en la nota de prensa de la colección «Raíces». En ella el diseñador utrerano presentó una selección de vestidos largos, cortos, con chorreras unos, líneas arquitectónicas otros, pantalones, cuadros de vichy, conjuntos dos piezas… y ese exceso visual muchas veces presente en las colecciones del utrerano, que en esta ocasión se acompaña de Lamágora para formar juntos un tándem perfecto.

Los colores de la naturaleza se adueñaron de las prendas, mientras que la diversidad de tejidos completaron un pase extenso, colorido y atrevido lleno de propuestas que ya podemos imaginarlas luciendo en los más granados actos de la próxima temporada.

Y se encienden los focos y aparecen en escena un pase, otro pase y otro…. Un torbellino de detalles que difícilmente pueden captarse de un sólo vistazo. Paquito Martín no escatimó en poner todo su arrojo en la colección con espectáculo circense. Con complementos de Mibúh, la joven firma bien podría alzarse como prescriptora de muchos jóvenes.

Y en la grada, sea cual sea el desfile, cabezas gachas que se enganchan a una pantalla. «Menos grabar y más ver», leí hace no mucho. Ver cómo un debutante en la pasarela como Francisco Valverde utiliza con destreza (y cabeza) los brocados y con qué sutileza diseña Josué Selfa (síganlo de cerca, amigos/as) es complicado si uno se centra en hacer el directo perfecto.

Compruébenlo ustedes mismos. Tras el pase de invitadas de Moncho Heredia o de María Valdés se alzan móviles y no ojos prestos a disfrutar con los diseños innovadores que nos ofreció Joss Blake.

Y al final la conclusión, como todo, llega cuando acaba:

-«Niña, ¿qué es lo que hay ahí en Fibes que hay tanta gente?

-Desfiles de moda, señora

-Claro, pero eso irá por invitación yo no puedo entrar.

-Es un evento abierto para todo el mundo. ¡Pase y vea!

Y la Angelines, Josefa, María… de turno seguirá creyendo que los desfiles son elitistas, privados y algo fuera de su alcance. Y cuando tenga que casar a su hijo, ir a la graduación de su sobrina… o vestirse para las fiestas de su pueblo o de su barrio seguirá acudiendo a las grandes cadenas y franquicias en lugar de citas, como Code 41 2019, que cada año crecen y mejoran. No porque no pueda permitírselo, sino porque seguirá desconociendo el gran talento de una nueva generación de diseñadores que desfilan en pasarelas que a veces se llenan del target inadecuado. Claro, ellas no son Millenials. Y la vida sigue, más evanescente y hedonista cada vez en el mundo de la moda. Los del gallinero siguen aplaudiendo, los de los palcos… ésos que sigan agitando sus móviles.