«En Caballero Veinticuatro hay una historia interesante que nadie ha contado antes»

«En Caballero Veinticuatro hay una historia interesante que nadie ha contado antes»

En tiempos de confinamiento y viviendo lo que una pandemia hablamos de Caballero Veinticuatro, una novela basada en la Sevilla de 1649 sumergida curiosamente en otra pandemia, La Peste.

Hablamos con su autor Jesús Delgado.

Para los que no te conozcan ¿quién es Jesús Delgado?

Pues soy un sevillano, de 47 años, casado y con dos hijos a los que trata de contagiar la pasión por la ciudad y su historia. A pesar de eso, estudié Biología, y luego mi carrera profesional se ha desarrollado en una empresa química, viviendo entre Barcelona y Sevilla.

¿Qué te lleva a iniciarte en el mundo de la escritura?

Siempre me gustó escribir, aunque nunca publicase nada. Fue en el año 2001, saliendo de una depresión: la psicóloga me recomendó que escribiera para ocupar la mente. Y ahí me decidí: escribí una parte de la novela en aquel tiempo, y la dejé dormir para recuperarla en 2016.

¿Y por qué comenzar con ‘Caballero Veinticuatro’?

La idea de escribir sobre la peste siempre la tuve en mente. La historia es mi gran pasión, y cuando pude ahondar en una catástrofe como aquella, en la que muere la mitad de la población, pensé: “aquí hay una historia interesante que nadie ha contado antes”.

¿Cómo ha sido el proceso creativo para llegar a la novela que hoy tenemos en nuestras manos?

Siempre intenté trabajarlo con dos frentes. Uno, muy claro: ser fiel a la historia documentándome mucho. Sevilla tiene una historia tan rica y tan bien documentada que, como decía Cecil B. de Mille, el productor de Los Diez Mandamientos o Rey de Reyes, “¿por qué desperdiciar 2.000 años de guiones?”. El otro frente era que los personajes solo debían ser una excusa para hablar de la verdadera protagonista de la novela, que no es otra que Sevilla.

Caballero Veinticuatro, imagen promocional

Nos vamos a 1649, ¿quién es Fernando Núñez de Medina y qué papel juega en torno al Cristo de San Agustín?

Don Fernando, Caballero Veinticuatro de Sevilla encargado de encontrar la imagen robada del Cristo, que iba a procesionar para rogar por el fin de la peste, no es más que la personificación de la ciudad: patrimonio mermado, una inútil hidalguía y un poder tan antiguo como menguante.

En 1649 el Cristo de San Agustín es de las imágenes que más devoción poseían. ¿Sirve esta novela para recordar una devoción hoy olvidada?

Sin duda. Ya sabemos la poca memoria que tiene esta ciudad. El Santo Cristo fue devoción principalísima en los siglos XVI y XVII. Hemos podido leer estos días numerosos artículos sobre la cantidad de veces que Sevilla se encomendó a esta imagen en tiempos de hambre, sequía, inundaciones o epidemias. Luego la hermandad sufrió un rápido declive en pleno siglo XVIII para terminar siendo quemada la imagen en 1936. Al contrario que con otras devociones que también ardieron en los aquellos días, la nueva imagen nunca volvió a suscitar la misma devoción… ¡hasta estos días!

Sevilla en medio de una pandemia, donde se confía en la procesión a una imagen ¿La ciudad y su sociedad ha cambiado mucho 4 siglos después?

Estaría tentado de decirte que sí, pero no hay más que leer la prensa para ver que, en las primeras semanas de la expansión del Coronavirus, no han sido pocas las voces que han pedido que salga a la calle alguna imagen sagrada o el propio Cristo de San Agustín. Pero, además, las reacciones que tuvieron los sevillanos en aquella época no difieren mucho de lo que hoy ocurre: el heroísmo de los sanitarios; el miedo, la tristeza y hasta la depresión al verse rodeado de tanta incertidumbre y muerte; o la falta de unidad de acción de las autoridades ante lo que se le viene encima. Al final somos humanos frente a un vendaval, y las reacciones son parecidas.

He cuidado al máximo los detalles de aquel tiempo: las calles y sus nombres, los ropajes, los cargos públicos, el precio de las cosas, y los hechos que ocurrieron día a día para reconstruir aquel terrible mes de junio.

Jesús Delgado, autor de Caballero Veinticuatro

Ésta ha sido tu ópera prima ¿volveremos a leer a Jesús Delgado en una próxima novela? ¿Volveremos a leer sobre Fernando Nuñez de Medina o sobre esta Sevilla de los esplendores y una sociedad tan de contrastes?

Actualmente estoy escribiendo. Algo no cambiará: la base de los hechos reales. Buceando en unos documentos encontré un hecho terrible y enigmático que me llamó mucho la atención. Y he decidido ahondar en esa historia. Sí cambiará que esta vez los protagonistas son un grupo de mujeres. ¡Y hasta ahí puedo leer!

Para todos nuestros lectores ¿por qué debemos leer Caballero Veinticuatro?

Si te gusta la historia creo que es una novela que puede llevarte a “saborear” aquel tiempo. He cuidado al máximo los detalles de aquel tiempo: las calles y sus nombres, los ropajes, los cargos públicos, el precio de las cosas, y los hechos que ocurrieron día a día para reconstruir aquel terrible mes de junio. Es una inmersión total en la Sevilla del siglo XVII, tan rica como pobre. Es “historia novelada”.

Hablemos de su edición, porque no tiene editorial, como podemos leer en la obra impresa es de una editorial independiente y lo podemos comprar únicamente en Amazon. Cuéntanos más sobre esto.

Dado que realmente el reto para mí fue si era capaz de escribir aquella historia, cuando terminé la novela ya me sentí satisfecho. Luego la di a leer a varias personas que, como me quieren mucho, me dijeron que la publicase, jajaja y ahí surgió otro reto: autopublicarla utilizando el servicio de Amazon. Aquí conté con la ayuda de mi hermana para la maquetación, pero sobre todo con la de Miguel Ángel Morrondo, artista especializado en la restauración, que no dudó en ilustrar la portada cuando leyó los dos primeros capítulos. Ése es otro de los lujos que tiene la novela.

Para cerrar esta entrevista que estamos realizando en tiempos de confinamiento, ¿se podría extrapolar Caballero Veinticuatro a la actualidad?

Aunque nuestras reacciones se parecen la situación dista mucho de ser la misma. Sevilla perdió la mitad de su población, unas sesenta mil personas, en aquella epidemia. Se le echó la culpa de la peste a la alineación de los planetas y en el mayor hospital no había ni una decena de médicos para atender un desastre de esas proporciones. Creo que eso ya traza una diferencia fundamental, que es la magnitud. Pero me quedo con un detalle que es parecido y nos da esperanza: aún en los días peores de 1649, en los que hubo más de tres mil cadáveres en la calle, los documentos nos cuentan que los sevillanos no dejaron de mostrarse solidarios, de socorrerse unos a otros en unas condiciones horribles. Y hoy estamos viendo constantemente esas mismas muestras en la ciudadanía. En situaciones así sale lo mejor de nosotros.

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