Septiembre finalizaba con la noticia (triste para muchos) de la marcha de Josep Font como director creativo de Delpozo. Fueron seis años al frente del legado de Jesús del Pozo (ahora Delpozo a secas), siendo el protagonista de la primera sucesión en una firma de moda icónica en España.

El modista catalán, que en 2015 recibió el Premio Nacional de Diseño de Moda, consiguió grandes logros. El primero de ellos relacionado con la internacionalización. De hecho, el segundo desfile de la era Font tuvo lugar a orillas del río Hudson en la Semana de la Moda de Nueva York y contó con dos pesos pesados como madrinas al otro lado del Atlántico: Olivia Palermo y Lauren Santo Domingo. Por si esto fuera poco, también «coló» uno de sus looks para la actriz Kate Mara en la Gala del Met.

Después llegaría la conquista de Oriente Próximo y de ahí otro motivo más para  simplificar el nombre apostando por el apellido del creador y poder expandirse en países en los que la palabra ‘Jesús’ está prohibida.

Se producía así la primera sucesión en una marca de moda en España, algo, por otra parte, habitual en escenas como la parisina o la londinense. Nacido en Santa Perpetua de la Moguda, un pueblecito cerca de Barcelona, Font estudió Arquitectura en la Universidad Politécnica de Barcelona, una labor que compaginó con sus estudios de patronaje. Pronto se animó a lanzar su propia firma llegando con ella a ganar varios premios L’Oréal a la mejor colección en la Pasarela Cibeles y a desfilar en la Semana de la Moda de París.

Los logros de Josep Font

 

Font tiene en su historial haber triunfado en EEUU, aunque lo cambiase por Londres estas dos últimas temporadas. Allí presentó su última colección primavera-verano 2019 que, sin que trascendiera entonces, sería su último show para la casa.

Fotos: Imaxtree.com

 

Deja a DelPozo rejuvenecida y habiéndose codeado con estrellas de Hollywood, clientas como Michelle Obama, Cate Blanchett, Julianne Moore, la reina Letizia, Keira Knightley o Melania Trump. Pero volver a ser Font es una quimera. El arquitecto de profesión no puede utilizar su propio nombre como diseñador. En sus inicios contó con la ayuda de Carmen Ayats, quien en 1992 invirtió dinero en la empresa y acabó siendo accionista principal. En 2010 con la firma sumida en una crisis económica se rompió la vinculación profesional y el asunto se resolvió en una batalla en los tribunales que fallaron a favor de Carmen Ayats, considerada desde entonces a efectos legales la dueña de la firma. Esto supuso un drama para el diseñador hasta que llegó Delpozo, ya que hasta entonces se había visto obligado a continuar con su carrera renunciando a utilizar su propio nombre en sus diseños.

 

¿Y ahora qué?

En estos años al frente de DelPozo, Josep Font ha demostrado su gusto por la artesanía, apostando por bordados, patrones muy trabajados, piezas bien hechas y muchas, muchas horas de taller hasta situar a la marca como una de las mejores representantes de la moda patria.

De momento no se conocen los motivos de su marcha, si bien habrá tenido algo que ver el ritmo frenético de las colecciones o podría haber sido reclutado para dirigir otra gran firma. Tampoco ha trascendido quién será el encargado de sustituirle al frente de la marca española.

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¿Y si Font fuese el nuevo director creativo de Lanvin? Este rumor suena en algunos mentideros que desean que la firma alcance el fulgor conseguido con Alber Elbaz al frente. Tras la salida de Elbaz en 2015, por  Lanvin han pasado varios nombres, pero desde entonces no ha vuelto a gozar de esa época dorada. Además, Josep Font no sería el primer español al frente de la maison. En los años 50 Antonio del Castillo entró en Lanvin (y permaneció 13 años) por iniciativa de la condesa de Polignac, hija de Jeanne Lanvin y supo hacerse un hueco en entre la exclusiva clientela parisina de mediados de siglo XX.

Si Elbaz fue capaz de rejuvenecer una marca con un estilo fresco y muy fácil de reconocer como es Lanvinel diseñador español hizo lo propio en su día con Delpozo. Supo tomar una marca con sello propio y aportar sus formas escultóricas (deformación profesional) y que han acabado por convertirse en su sello de identidad. Hagan sus apuestas.